“El teatro argentino es el teatro independiente”

La actriz charló con *AUNO* acerca de los encantos y vicisitudes de hacer teatro en compañías alejadas de circuitos masivos. Pero también relató cómo fue su experiencia de caminar en entre la irregular cornisa que separa a la estética televisiva de los ámbitos teatrales con una impronta autónoma.

Lomas de Zamora, 26 de marzo (AUNO).- Elegir un lugar, representar un rol, ponerse en el lugar de un otro. Tantísimos vericuetos que delinean el arte de la actuación. Actriz, directora y escritora, Mónica Cabrera desliza ese juego entre del ser y el no ser, del parecer y aparentar, en una fauna de espacios escénicos que no la catalogan en un único género, no le imponen categorías ni etiquetas porque (aclará) “el teatro es su forma de vida”.

Con roles en distintas telenovelas de la productora Polka, se movió entre el teatro independiente y la masividad de las cámaras televisivas de los canales de aire. En un rally de distintas presentaciones en los escenarios del sur del Conurbano bonaerense, la actriz que trabajó en “Malparida” (en la pantalla comercial) y en “El sistema de la víctima” y “Arrabalera” (en el inframundo del teatro independiente) relató cómo fue su experiencia en esas dos maneras de concebir la actuación.

—¿Cómo vive un actor ese salto de la televisión en clave Polka a los escenarios de teatros como los del Ensamble y Las Nobles Bestias?
—Nunca di ningún salto. La televisión es una propuesta de trabajo arbitraria. Nadie puede hacer nada para obtener un trabajo en televisión. El teatro es mi forma de vida, mi trabajo habitual. Siempre trabajé en salas independientes o en salas oficiales.
—¿Por qué volver al ruedo de las salas independientes?
—Trabajo en salas de todo el país y del exterior que tienen un grupo de trabajo que las sostiene, y que se asocian conmigo para llevar mi obra desde Capital a un público que va regularmente a la sala. Ese público, de la zona, del barrio, estudia teatro en esas salas, lleva a sus hijos, conoce al grupo y espera la programación para ver si alguna propuesta le atrae.
—¿Sentís que ese cambio tiene un encanto especial, algo así como una vuelta a los orígenes de todo actor?
—Yo nunca me fui del circuito independiente. Seguramente por la proyección en millones de televidentes que tiene una novela, se acercarán a la boletería personas que no me conocían por el teatro y que se divirtieron o apreciaron mi trabajo. Eso es muy bueno, porque también le podemos ampliar la base de espectadores a la sala que me convoca.
—¿Existen diferencias a la hora de estrenar una obra teatral en los circuitos under con los estrenos en salas al estilo calle Corrientes?
—Nunca estrené ninguna obra en el circuito comercial, pero supongo que todo el mundo aprecia los trabajos que tienen buena calidad e inteligencia. El trabajo siempre se nota, en una sala que cobra la entrada muy cara y en una con precios más accesibles.
—¿Qué permisos se puede dar un actor en este tipo de salas under?
—Seguramente, como el objetivo no es que cada integrante se sostenga económicamente con la recaudación, la atención está puesta absolutamente en lo artístico, más que en adivinar el gusto del público, que es lo hace un restaurante a la hora de armar el menú. No creo en el esnobismo ni en querer escandalizar, ni ahora ni a los 15 años. Pero siempre el interés en la investigación, en la renovación del lenguaje será más evidente en el teatro independiente.
—¿Cómo definirías al circuito de teatro independiente?
—El teatro argentino es el teatro independiente. Es el origen. El corazón, el cerebro y el estómago de la realidad teatral argentina. Desde lejos, desde fuera del país se aprecia lo consistente y creativo que es el movimiento independiente. Dentro hay de todo; más clásicos, renovadores, coherentes, escandalosos, políticos, oportunistas. Pero el pulso del teatro de habla hispana nace en nuestro país.
—¿En qué consiste la búsqueda de espacios para la difusión de este tipo de obras?
—Es complicado, pero internet, las redes sociales y la calidad del trabajo que genera “el boca en boca”, asegura que ningún buen espectáculo se pierda en la oscuridad. Los grandes medios llegan tarde, cuando algún actor aparece en una película premiada, o una obra pasa a una sala de calle Corrientes (es el caso de la obra “Estado de ira”, de Ciro Zorzoli, que pasó de la sala municipal Sarmiento al Metropolitan) por la aprobación del espectador habitual a esas salas. O alguna novela hace conocido el rostro de algún actor. Pero con más de 800 estrenos por año en Capital, es difícil que los medios difundan o puedan ver todo lo que pasa. Al mismo tiempo, una sala de 50 espectadores no le interesa a los grandes medios. Siempre buscan fenómenos masivos, y el teatro no lo es.
—¿Con qué complicaciones se encuentran los grupos de teatro independientes a la hora de presentar sus obras?
—Hay muchos actores y directores, estudiantes que se inician y esto genera una avalancha de espectáculos. Así se han abierto micro circuitos dentro del circuito; se puede ver teatro en el living de una casa, en un patio, en un depósito, en un vestuario de un club de barrio o en una fábrica recuperada. Las complicaciones siempre se resuelven cuando el deseo es muy fuerte. Creo que todos los que estamos en el quehacer teatral sabemos que si en algún rincón hay un grupo ensayando, eso es progreso para todos. Como el futbol; en algún campito siempre hay un pibe haciendo jueguito con la pelota.

DR-AFD
AUNO-26-03-12

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