Educar en la pobreza

En el sur del conurbano bonaerense, un grupo de docentes y colaboradores voluntarios alfabetizan a unas 2 mil personas de barrios pobres.

Por Adrián Figueroa Díaz

(AUNO-Tercer Sector*) Las reformas al sistema educativo impulsadas en los últimos 30 años encontraron la mayoría de las veces un fuerte rechazo en la comunidad educativa. Pero suele suceder que en tiempos de crisis, es la misma comunidad la que une engranajes a partir de nuevos, genuinos y más eficientes mecanismos. El Foro Social y Educativo Paulo Freire es un programa pedagógico cuyos 370 alfabetizadores voluntarios colaboran en la formación de unos 2 mil niños, adolescentes y adultos de la zona sur del conurbano bonaerense.
El foro nació en diciembre de 2002 y está integrado por redes zonales presentes en algunos partidos del oeste del conurbano, en Capital Federal y Río Negro, Corrientes, Salta y Jujuy. Pero la red de la zona sur bonaerense es la más consolidada. Está integrada por 20 ONGs –otras 15 colaboran con ellas- y cada una tiene en marcha un proyecto basado en la necesidad de su comunidad.
Sus miembros se inspiraron en la ‘educación comunitaria’ del pedagogo brasileño Paulo Freire, que utiliza la realidad de cada grupo social para alfabetizar; por ejemplo, en un comedor, el tema de la comida es la excusa para enseñar. Lo que cada alfabetizador hace con los ‘alfabetizandos’ es “formarlos en distintas actividades”, como prefieren decir en lugar del término “capacitar”.
Según este concepto, la acción de alfabetizar establece “una relación muy recíproca: el otro sabe algo que yo no sé, y yo sé algo que el otro no sabe. Es decir, que los dos estamos en condiciones de aprender. El rol del alfabetizador sería el de un mediador entre distintos saberes”, definió Mónica Sánchez, responsable de Aprender a Ser Grandes, una asociación civil de Burzaco.
En Ingeniero Budge, partido de Lomas de Zamora, un antiguo centro de jubilados recibe a las voluntarias que tres veces por semana se reúnen en el marco del proyecto “Alfabetización para Todos”. En las paredes del local cuelgan carteles realizados por los 20 chicos que asisten, donde reclaman por sus derechos: “Todos los niños tienen derecho a jugar, a divertirse mucho, bailar, cantar y estudiar”. Para la coordinadora Eva Llull, “todas las manifestaciones que puedan ayudar a levantar la autoestima son alentadas desde aquí”.
A las 2 de la tarde llegan los chicos y forman una ronda en la que el canto y los aplausos son herramientas importantes para desinhibirse. El juego provoca las risas de los chicos al ver a los adultos compartiendo con ellos sin poner distancias formales. Cada actividad tiene la particularidad de utilizar herramientas para el aprendizaje como la palabra, las oraciones, los números y las cuentas. Eva explica que a través del juego grupal se busca “que los chicos comiencen a socializar y tengan una visión analítica de la realidad que viven. Ellos ven los problemas con los que conviven y por eso hacemos trabajos de reflexión sobre los efectos negativos que traen la droga, el alcohol y la violencia” y para trabajarlos se utilizan elementos del entorno inmediato como lo son las letras de la cumbia villera. Y se enorgullece de los adelantos: “Muchos de los chicos que desde hace un tiempo están en el grupo no emitían ni una palabra y ahora están enganchados con todas las actividades”
A este proyecto se le suman algunos más: en una sala de primeros auxilios de Caraza, Lanús, se activa “Ayudemos a ayudar”, en el que la excusa para alfabetizar es la prevención de enfermedades o la procreación responsable. En el barrio La Saladita, Avellaneda, funciona “Todos juntos podemos”, con el que se brinda formación laboral a los jóvenes de la zona; en Florencio Varela, con “Alfabetizamos construyendo”, las mujeres abordan el mundo de la construcción de viviendas. Todos cuentan con en apoyo del Laboratorio de Políticas Públicas de la Universidad de Río de Janeiro.
“Esto surge de los sectores más pobres porque ahí hay una demanda de educación y contención, y el Estado está ausente” asegura la coordinadora.
Socialmente, un analfabeto es aquel que no sabe leer ni escribir, pero “también es aquel que no tiene un oficio porque nadie le dio herramientas para que lo aprendiera; en estos últimos 30 años se cortó el eslabón que unía a la enseñanza con el oficio”, consideró Eduardo Marello, el coordinador de red de la zona sur. “Alfabetizar no es una técnica, es una decisión de vida”, agregó.
En la familia de Eduardo, todos se vinculan con alguna tarea del foro y sus amigos colaboraron con el diseño ‘Alfabeta’, el boletín que edita el foro. “Siempre llevo uno en el maletín porque el foro es tema de conversación en todos los lugares donde voy”, cuenta. Inclusive, luego de la entrevista en un bar con el periodista de AUNO, la mesera moza vio el boletín, contó que su madre tenía un comedor en el barrio San José de Temperley y así se gestó el contacto con un potencial grupo de alfabetizadores. La tarea se sigue expandiendo por las vías más insólitas que genera el intercambio social.

Colaboró:Gabriela Agostini

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Cómo comunicarse:
Foro Social y Educativo Paulo Freire zona sur: 15-5384-6249. E-mail: boletinalfabeta@yahoo.com.ar
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*Agencia Universitaria de Noticias y Opinión
Revista Tercer Sector

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