Cuando Lomas llegó a Primera

El 16 de julio de 2000, Los Andes volvía a Primera División después de 29 años. Un ascenso que significó el cumplimiento de un largo anhelo para los hinchas del “Milrayitas”, logrado por un equipo sólido y combativo que apenas perdió tres partidos a lo largo de una exigente temporada. Ex integrantes de ese recordado plantel evocan en esta nota aquella hazaña, conseguida hace una década.

Matias Mazzocchi

En la memoria de los simpatizantes todavía quedan guardados los festejos en el estadio Eduardo Gallardón; el gol de Fabio Pierters en la final ante Quilmes; las atajadas de Darío Sala; los gritos de Rubén Ferrer; la solidez defensiva de Andrés Bressán, Gabriel Nasta y Gabriel Lobos; el talento de Mauricio Levato; la garra y el juego de Sebastián Salomón; la velocidad de Felipe Desagastizabal; los destellos de talento de Orlando Romero… Y sobre todo, Jorge “el Gordo” Ginarte, el entrenador que trasformó a un equipo que parecía destinado a luchar por evitar el descenso, pero que se convirtió en uno de los grandes planteles de la historia del club.

Es verdad que no desplegaba un juego brilloso, lindo para los ojos, pero desde la solidez y la entrega de esos jugadores, el equipo se convirtió en invencible. Muestra de ello son las tres derrotas que padeció durante un torneo de 34 jornadas. Curiosamente, dos de esas tres caídas fueron ante Defensa y Justicia, elenco que por entonces conducía Jorge Burruchaga. La otra caída la sufrió ante Argentino de Rosario.

El comienzo de un recorrido
Antes del debut, el club tenía muchos problemas. Falencias futbolísticas, conflictos dirigenciales y la marcada influencia de la barra brava, que en aquellos días había adquirido un poder notorio.

Casi sin plata y con muchos inconvenientes por resolver, la dirigencia de Los Andes optó por armar un equipo sin nombres estelares con el objetivo de mantener la categoría. “Los viajes a la concentración lo hacíamos en un micro escolar, que no tenía papeles y no era muy cómodo”, recordó Rubén Ferrer en una charla con AUNO, en la cual evocó también el recorrido que hacía junto con Germán Noce, Desagastizábal y Gastón Losa, todos los días desde La Plata hacia Lomas de Zamora para entrenarse.

Todo era esfuerzo. La situación era complicada, pero bajo el mando de Ginarte, esos jugadores lograron vencer a la adversidad y obtuvieron el ansiado ascenso. “Fue algo atípico. No había grandes figuras. Nos habíamos reforzado con muchos jugadores que no eran tenidos en cuenta en sus clubes. Por eso, fue algo muy raro lo que se dio”, comentó Orlando Romero, pero al mismo tiempo afirmó que “a pesar de no ser un equipo brillante, el ascenso se logró porque los jugadores tenían una entrega y una garra increíble. A eso, se le sumó el orden táctico que nos inculcó Jorge (Ginarte). Fuimos un equipo muy prolijo. Un gran equipo”.

Con el pasar de las fechas, los jugadores, y también los hinchas, comenzaron a creer en el ascenso. Triunfos importantes en la primera rueda ante Banfield, en el Florencio Sola, y Quilmes, en el Eduardo Gallardón, despertaron la ilusión, aunque todos mantenían los pies sobre la tierra, porque todavía había que sumar puntos para escaparle al descenso.

Los Andes finalizó la primera rueda con 28 unidades, producto de seis victorias, diez empates y dos derrotas. En la tabla de posiciones marchaba cuarto a ochos unidades del líder (Huracán), pero a cuatro del segundo (Almagro).

Sin embargo, hasta de ese momento, todos los puntos servían, ya sean tres o uno. Todos valían porque el propósito de mantener la categoría. “Armamos un equipo para salvarnos. Por eso, nuestro principal objetivo era sumar muchos puntos para zafar”, explicó Ferrer, goleador, con 19 gritos, de aquel combativo elenco “Milrayitas”.

El partido bisagra
Según Ferrer, la victoria 1-0 ante el Porvenir, en Gerli, despertó “el bichito” del ascenso. Es que ese triunfo agónico, conseguido gracias a un gol de cabeza de Salomón, en la última jugada del partido, significó un logró muy importante, que le permito alimentar ese loco sueño de jugar en Primera.

A ese encuentro, Los Andes llegó con varias bajas. Ginarte no pudo contar con Juan Arce, Nasta, Mauricio Levato y Ferrer, piezas importantes del once titular, y en sus lugares hizo ingresar a Diego Levato, Darío Pérez, Mario Vera y Martín Gianfelice. A su vez, el DT tuvo que cambiar varias piezas: puso a Noce de central y a Romero de volante por izquierda. Sin embargo, el “Turco” le dio la victoria. Y el sueño comenzó a tomar color.

El ascenso, un sueño posible
Después de ese desahogo en Gerli, el club de Lomas hilvanó tres triunfos seguidos y llegó a la última fecha de la fase regular con 62 unidades. Durante toda la segunda rueda, el equipo pegó un salto de calidad, y eso quedó vislumbrado en los 36 puntos que cosechó en la primera mitad del 2000. Por eso, ese partido con Quilmes era fundamental para lograr la clasificación al cuadrangular final del torneo, pues los dos primeros de la zona Metropolitana se iban a cruzar con los dos primeros de la Interior.

La ilusión crecía a pasos agigantando a medida que se acercaba ese mano a mano clave con los “Cerveceros”, que tenían la misma cantidad de puntos que Los Andes, pero mejor diferencia de gol.

Convencido de que en ese partido se podía lograr el ascenso, Los Andes salió decidido a pasar por arriba a Quilmes. Al minuto del partido, el “Milrayitas” le ganaba 1-0 con gol de Ferrer, que estiró la cuenta a los 18m. Luis Quiñonez descontó enseguida, pero el goleador de Los Andes marcó el tercero.

El primer tiempo terminó 3-1. El chico se imponía al grande. Pero en el segundo, sobre la hora, todo cambió en un abrir y cerrar de ojos. ¿Qué paso? Quilmes llegó al empate, gracias a goles de Adrián Czornomaz y otro de Quiñonez. La clasificación al cuadrangular se frustró.

“Fue un golpe muy duro”, reseñó Romero, pero al mismo tiempo destacó que “el convencimiento era muy grande, y por suerte pudimos salir adelante”. Ferrer, por su parte, subrayó que ese empate “no afectó tanto el ánimo del grupo”.

Volver a empezar
El equipo dejó atrás ese episodio y renovó sus fuerzas para el Reducido por el Segundo Ascenso. En el primer choque, Los Andes enfrentó a Independiente Rivadavia de Mendoza. En el primer chico, Sala sacó todo y conjunto lomense se trajo un valioso punto de la provincia cuyana. “Ese encuentro fue muy importante. Lo tomamos como una revancha. Ahí, nos dimos cuenta que teníamos la suerte de nuestro lado. Fue una bisagra. (Darío) Sala tapó dos pelotas claras de gol”, destacó Romero, el enganche de ese equipo.

“En el Reducido nos dimos cuenta que podíamos lograr el ascenso. Cuando sacamos adelante el partido con los mendocino nos dimos cuenta que era nuestra oportunidad”, agregó Romero. En sintonía con las palabras del volante, Ferrer sostuvo que en el reducido “nos hicimos muy fuertes”.

En el partido de vuelta, Los Andes se impuso 2-0 con dos goles de Ferrer, y logró el pasaporte a los cuartos de final. En esa instancia, estaba Almagro, que después lograría el ascenso en la Promoción ante Instituto. El primer choque terminó 0-0 y el segundo 1-0, gracias a un gol de penal de Sala. Ya en semifinales, el equipo de Ginarte jugó el clásico barrial ante Banfield. Los primeros 90 minutos terminaron 0-0, y en Lomas fue victoria 2-0 para “Milrayitas”, con goles de Desagastizabal y Ferrer, que en el Reducido sacó a relucir su estirpe goleadora. “Esa fue mi mejor temporada. Porque además de hacer 19 goles, logramos el ascenso a Primera”, recordó “La Chancha”.

El club de Lomas estaba a dos pasos de anhelado ascenso. En frente, nuevamente Quilmes. Pero esta vez, Los Andes venía afilado tras la victoria en el clásico, y con sus jugadores en un gran nivel. Durante el Reducido, el albirrojo venía invicto y sin goles en contra.

En el primer partido, disputado en el Gallardón, el conjunto de Ginarte hizo todo lo necesario para sacar una considerable ventaja. Puso tres delanteros y salió buscar el partido. Y esa búsqueda le dio resultado, ya que terminó venciendo a Quilmes por 2-0.

Los de Ginarte llegaron a la revancha con una importante ventaja. Ese resultado, le permitió encarar el encuentro con mayor tranquilidad. Sin embargo, en el duelo de ida, Quilmes se puso en ventaja con un tanto de Czornomaz. Pero según Ferrer, ese gol no intranquilizó al equipo. “Siempre tuvimos el partido controlado”, consideró. Pero, cuando llegó el gol de Fabio Pierters se produjo el estadillo. “En ese momento sentí una alegría enorme. Fue un desahogo”, recordó el goleador. En tanto, “Romerito” señaló que luego de ese tanto sentimos “no se nos podía escapar el ascenso”.

El sueño consumado
Los Andes volvía a ser de Primera. Los 29 años de frustraciones habían quedado en el olvido. Todo era alegría. “Fue algo muy especial para mí porque me crie en el club”, remarcó Romero, que además aseguró que ese logro significó “algo especial para mí carrera”.

“Se armó un equipo para salvarnos del descenso y terminamos logrando el ascenso. Por eso, para nosotros fue una doble satisfacción. Formamos un plantel con muchos jugadores que no éramos tenidos en cuenta en nuestros clubes, y gracias a Ginarte y a mis compañeros armamos un gran equipo, que siempre será recordado. Eso es muy meritorio”, remarcó Ferrer.

Esos jugadores dirigidos por Ginarte escribieron el último gran capítulo de la historia de Los Andes. Sus nombres quedarán guardados por siempre en la memoria de los hinchas. Un plantel que demostró que aun en la adversidad deportiva y la precariedad institucional se pueden obtener grandes resultados. Salud, campeones.

AUNO-15-07-10
MM-LDC

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