Con Germán Corengia al mando, el “Milrayitas” procura salir a flote

Con 28 años, es el entrenador más joven del fútbol argentino y el verdadero artífice del repunte que experimenta el elenco lomense en el torneo de la Primera B Metropolitana tras la renuncia de Luis Blanco. “Cuando en un grupo hay predisposición al trabajo, los resultados terminan por llegar”, sostiene este DT que cultiva un perfil motivador.

Matias Mazzocchi

Tras caer de forma inesperada en la Promoción frente a Deportivo Merlo, Los Andes volvió a la Primera B Metropolitana con un claro objetivo: darle continuidad al proyecto del entrenador Luis Blanco para regresar lo antes posible a la Primera B Nacional. Pero ese proyecto, que se presentaba como un salvataje, se frustró rápidamente.

Es que el equipo sólo consiguió seis puntos sobre 16 en juego. Semejante panorama forzó la renuncia de Blanco. ¿Quién podría salvar a este Titanic antes de que se perdiera en el fondo del mar? Esa era la pregunta que atormentaba a los dirigentes, que pensaron en varios sucesores, incluso en Rodolfo Della Picca, que hace menos de un año tuvo que alejarse como consecuencia de malos resultados obtenidos en el arranque de Los Andes en la B Nacional. Pero la solución era más sencilla y estaba puertas adentro.

La respuesta era Germán Corengia, un joven de 28 años, que desde su llegada a la institución, en noviembre de 2008, no dejaba de cosechar elogios. Y no era para menos, ya que vino con la idea de prestigiar a unas alicaídas divisiones inferiores, algo que parecía una utopía para el mundo del “Milrayitas”. Sin embargo, con muy pocas herramientas, el DT armó un proyecto serio que revitalizó la cantera de la entidad.

“Lo único que propongo es que hay que trabajar y vine predispuesto a eso. Quiero que el hincha vuelva al predio de Villa Albertina y que sea testigo de un proceso que estará hecho con total profesionalismo”, se presentaba al comienzo de su gestión como coordinador del fútbol amateur.

Pero éste fue sólo el comienzo de la historia. En las últimas horas del 12 de marzo de este año, a este joven entrenador se le pidió que se hiciera cargo del plantel profesional tras la renuncia inesperada de Enrique Hrabina. Aunque el reto era difícil, él aceptó, y en dos días trató de cambiar el ánimo al plantel, que debía afrontar un difícil compromiso frente a Unión. Entonces, el equipo estaba en el fondo de la tabla de los promedios y necesitaba imperiosamente volver al triunfo. Y lo consiguió: 2-1 y alivio.

El joven entrenador se arremangó la camisa para realizar el trabajo más sucio y le dejó el mando más acomodado a Blanco, que dirigió a Los Andes hasta la finalización de la temporada 2008-09 de la Primera B Nacional.

Esta fue la humilde presentación de Corengia. Los pergaminos que poseía no abundaban, pero este novato, que casi no tenía experiencia, se hizo de coraje y tomó el timón para enderezar el barco. Sin amedrentarse por su juventud, empezó acomodar las piezas; sacó algunos jugadores que no estaban rindiendo y puso otros que se amoldaron rápidamente al esquema que pretendía.

Así, la nave comenzó a salir a flote. Sumó cuatro victorias y un empate en cinco presentaciones, lo que le permitió quedar a tres de la cima del certamen. Corengia debutó con un triunfo 2-1 sobre Estudiantes, en Caseros; empató en cero el clásico con Temperley; se impuso 1-0 a Central Córdoba, en Rosario, le ganó 2-0 a Comunicaciones, en el estadio Eduardo Gallardón, y coronó el buen andar al vencer cómodamente por 3-1 a Atlanta, en Villa Crespo. “Lo importante es sumar, ganar y agarrar confianza”, afirmó.

Y vaya si lo hizo. En su bautismo en el fútbol profesional, los números no le fueron esquivos. Todavía no perdió y desde que tomó el mando, el conjunto albirrojo sumó 13 unidades, lo que le posibilitó dejar la undécima ubicación para quedar quinto a tres del líder, Tristán Suárez.

Otro dato más: apenas le convirtieron dos goles en estas cinco presentaciones, mientras que en las primeras ocho jornadas el arco del “Milrayitas” había sido vulnerado en 12 oportunidades. Parece éste ser el punto más fuerte de la era Corengia. Números que se presentan como muy alentadores.

Pero en el inicio de su gestión, algunos creían que la juventud de Coregia podría jugarle en contra en su relación con el grupo, algo que no se verificó en los hechos. En el plantel hay jugadores de la talla de Walter Cáceres, Matías Raposo, Daniel Giménez –todos mayores que el entrenador— y Walter Alcaraz, cada uno de ellos con una dilatada trayectoria en el mundo del ascenso y de Primera División, sin embargo, el adiestrador supo ganarse el respeto de todos.

“Esto es fácil. Cuando ves predisposición y hay buena gente, como en este plantel, las cosas terminan por salir bien. Después es como todo, cada uno tiene su personalidad y hay que saberlos llevar para sacarles el máximo del rendimiento”, explicó.

Estudioso como pocos, Corengia tiene una idea y la practica a fondo. Desde su formación se puede ver una semejanza con el perfil de Marcelo Bielsa. “No me gusta dejar nada librado al azar”, subrayó. “Tengo un sistema operativo que traje de Holanda y que me permite hacer un seguimiento detallado de cada unos de los rivales. Es muy completo y me ayuda mucho”, contó.

Además de eso, posee entre sus manos otras herramientas para sacarle el 100 por ciento a los suyos. Los ejemplos de Ramón Díaz, que sorteaba una camioneta 4×4 al ganar un campeonato, y Ricardo Caruso Lombardi, que premiaba a sus dirigidos con lo que tenía a mano, motivaron al joven técnico a utilizar este tipo de recursos para exprimirles el jugo a sus futbolistas. Si bien no son obsequios tan onerosos como los que ofrendaban aquellos técnicos, los DVD, las cenas y los pares de zapatos, en el corto plazo, dieron sus resultados. “Es una manera de gratificarlos más allá de una felicitación o de una palabra de aliento. Y no sólo es el regalo, lo que se trata es de pasar un momento agradable en el grupo, como puede ser en un asado, en un viaje”, resaltó.

Corengia es el más joven de todos los entrenadores del fútbol argentino, que llegó a Los Andes con una idea, simple, seria y concreta: reflotar al club y luchar por un ascenso.

El barco que parecía naufragar, poco a poco, retomó su rumbo. Y si bien es cierto que para llegar a destino habrá que sortear un recorrido largo, turbulento y tormentoso, el timón parece estar en buenas manos.

AUNO-05-11-09
MM-LDC
deportes@auno.org.ar

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