Cien años de soledad, según Vargas Llosa

Terminada la efervescencia a raíz de la muerte del escritor colombiano es importante conocer lo que varios colegas suyos dijeron de esa novela en tiempos diversos. En esta primera breve nota se da cuenta de un extenso texto crítico del peruano sobre esa novela.

Horacio Raúl Campos

Lomas de Zamora, abr 30 (AUNO) – El autor de La casa verde realiza un análisis de Cien años de soledad de García Márquez para la edición conmemorativa que realizó la Real Academia Española en 2007. El libro está disponible en librerías de la Argentina.

Analizan también la novela en esa edición varios escritores: además del peruano, Álvaro Mutis, Carlos Fuentes, Víctor García de la Concha, Claudio Guillén, Pedro Luis Barcia, Juan Cobo Borda, Gonzalo Celorio y Sergio Ramírez.

Algunos críticos-profesores de literatura que no les agradan las novelas ‘desordenadas’ o ‘bárbaras’, porque no entran en sus análisis cuadraditos, no les cae muy bien ese texto del colombiano que ubican por debajo de La hojarasca. No es el caso del escritor peruano.

Para Vargas Llosa, Cien años de soledad totaliza las primeras escrituras de su autor y dice que a la par de esa novela los primeros textos de García Márquez quedan reducidos a anuncios. Es decir, La hojarasca, bastante ‘ordenadita’, sería un anuncio de aquella.

No sólo eso dice el peruano: “Esta operación, confundir el destino de una comunidad con el de una familia, aparece en La hojarasca y en ‘Los funerales de la Mamá Grande’, pero solo en Cien años de soledad alcanza su plena eficacia: aquí sí es evidente que la interdependencia de la historia del pueblo y de la de los Buendía es absoluta” (29). El pueblo de la realidad de la ficción al que hace referencia es Macondo.

Países neocoloniales

La familia Buendía, por lo tanto y según el parecer de Vargas Llosa traduce y refleja a Macondo: “Su historia condensa la historia humana, los estadios por los que atraviesa corresponden, en sus grandes lineamientos, a los de cualquier sociedad, y en sus detalles, a los de cualquier sociedad subdesarrollada, aunque más específicamente a las latinoamericanas”. (30)

Esa simbiosis entre familia poderosa y el pueblo; esa realidad en la ficción no sólo está en esa monumental novela del escritor colombiano, sino que es una característica de la literatura latinoamericana (para no ir tan lejos) y aquí pasaremos por alto la crítica que siempre se le hizo a García Márquez, según la cual escribía para el mercado europeo haciendo volar a las vacas o porque llevó la degradación a límites extremos.

Vargas Llosa escribe después que en esa novela “podemos seguir la evolución, desde los orígenes de esta sociedad, hasta su extinción: esos cien años de vida reproducen la peripecia de toda civilización (nacimiento, desarrollo, apogeo, decadencia, muerte), y, más precisamente, las etapas por las que han pasado (o están pasando) la mayoría de las sociedades del tercer mundo, los país neocoloniales”. (31)

Casi todos coincidimos en que Macondo es una comunidad pequeña, patriarcal, idílica, ordenada y aislada, fundada en el trabajo de la tierra y arcaica, donde nadie era mayor de treinta años y donde nadie había muerto, dice la novela. Donde tampoco se conocía la redondez de la tierra.

Sin embargo, el pueblo experimenta una transformación. Vargas Llosa analiza que “Úrsula encuentra la ruta para salir de la ciénaga y comunica a Macondo con el mundo” y que por “esa ruta llega la primera oleada de inmigrantes que convierte a la comunidad agraria-patriarcal en una localidad de talleres y comercios” (32).

Las transformaciones de Macondo, por tanto, pueden ser fácilmente entrevistas como el paso de una comunidad pastoril a una moderna e industrial. Porque no se comunica con el mundo para entrar a una realidad de economía primaria: “El pueblo de artesanos y mercaderes tiene hasta una embrionaria producción industrial (…)”, destaca Vargas Llosa.

Materia prima para una potencia

El pueblo del mundo de la ficción correrá la misma suerte que la de los pueblos de América Latina de la experiencia del mundo real. La archiconocida y nunca terminada de comprender cuestión colonial o neocolonial y la siempre latente o vigente división internacional del trabajo.

La otra gran transformación histórica que sufre Macondo, que hasta ahora ha venido evolucionando dentro de límites restringidos, pero según un modelo de desarrollo independiente, ocurre cuando es colonizado económicamente por la compañía bananera norteamericana y convertido en país monoproductor de materia prima para una potencia extranjera, examina con acierto el escritor peruano. (33).

Ocurre que la fuente de la riqueza y el trabajo ahora en Macondo es la banana. Los antiguos artesanos, comerciantes y dueños de parcelas de tierra se transforman ahora en asalariados agrícolas y se registra una segunda oleada de inmigrantes. “Hay un ambiente de derroche, de prosperidad (efímera, pero real), de cambio vertiginoso y el poder de la compañía bananera se refleja también en lo político”, resalta Vargas Llosa. (34)

Ocurre que los funcionarios locales fueron sustituidos por forasteros autoritarios y los antiguos policías fueron reemplazados por sicarios de machetes. Surgen así los conflictos sociales y los trabajadores de la compañía van a la huelga general y son brutalmente reprimidos por el Ejército.

El paro se había decretado porque querían descansar los domingos. Pero no es la única medida de fuerza porque después ocurre una huelga más fuerte con el saldo de tres mil trabajadores asesinados por las ametralladoras del Ejército. ¿Qué hacen con los trabajadores? Los cargan en doscientos vagones y los tiran al mar. Se cuenta el horror de cualquier dictadura latinoamericana.

Bibliografía

Gabriel García Márquez, Cien años de soledad, Real Academia Española, Portugal, 2007. Edición conmemorativa. El texto de Mario Vargas Llosa lleva el título: ‘Cien años de soledad. Realidad total, novela total’.

AUNO 23-04-14
HRC

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