“Aún en democracia, el vaciamiento de ideas es cada vez más fuerte”

L.P.

“La mejor forma de recordar a los desaparecidos es liberarnos de la influencia de ese discurso que les dice a los pibes que no se metan en política porque no sirve de nada”, consideró el presidente del Centro de Estudiantes de la Escuela Normal Antonio Mentruyt (ENAM), para referirse a la manera en que se fueron los procesos de lucha estudiantil a partir de hechos como “La noche de los lápices”. En diálogo con AUNO, varios representantes de centros de estudiantes coincidieron en la existencia de un virtual “vaciamiento” de las prácticas políticas entre los estudiantes secundarios.

Por ese motivo, el representante de sus compañeros del ENSAM, Ramiro Manduca convocó a los jóvenes a “no ser funcionales” a ese discurso y a “participar desde donde uno quiere hacerlo, porque si no te meten donde les conviene”. En relación con esa convocatoria, ligó el hecho de la “poca participación” de los jóvenes con “el vaciamiento de sentido” de la política juvenil actual.

Esa fue una de las causas identificadas también por el presidente del centro de estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales de Lomas de Zamora, Fernando Torres, que en diálogo con AUNO lamentó que las secuelas políticas de la última dictadura “se sigan manifestando en la dificultad de entusiasmar a los estudiantes para que participen” en política.

Torres consideró que esa “imposibilidad” de crear un espacio de debate político y de militancia estudiantil en la universidad “se debe en gran parte al vaciamiento de contenidos” que sobrevino al último gobierno de facto y que patentó “un quiebre cultural que demuestra el desinterés” de los alumnos de hoy.

Al respecto opinó también la secretaria de Cultura del Centro de Estudiantes de la Escuela Nº 331 “Almirante Brown”, de la provincia de Santa Fe, Rosina Lozeco (17), durante una charla con esta agencia: “El estudiante secundario no está interesado en la política porque no ve al centro de estudiantes como herramienta, como una forma de hacer política, sino como un grupo de chicos que va a marchas con una bandera y que hace colectas y bailes. La verdadera militancia es otra, y supone la participación de todos los estudiantes y la concientización de que el centro de estudiantes no es sólo la comisión directiva”.

En coincidencia con el “vaciamiento” enunciado por Torres, el delegado estudiantil del ENSAM apuntó a su alcance, al afirmar que “los desaparecidos se convirtieron en caras en un mural” y poner en relación ese hecho con ciertas actitudes de los gobiernos democráticos “como bajar un cuadro de un milico en la ESMA en lugar de enjuiciar a los represores y reivindicar la lucha de los pibes que asesinaron”.

Actualmente, Ramiro Manduca cursa el último año del nivel polimodal en las mismas aulas en que lo hicieron los ocho jóvenes “desaparecidos” el 16 de septiembre de 1976. Consultado acerca de cuál debería ser el legado de esos jóvenes, consideró: “No hay otra cosa que recordar su mensaje y trabajar en la construcción política y cultural desde la solidaridad y el ponerse en el lugar del otro”.

Al volver a la coyuntura actual, el joven Manduca lamentó que a 24 años de finalizado el último gobierno militar de facto “el sistema represivo siga actuando con impunidad cuando fichan a un pibe en una marcha y después lo matan, como pasó con Maxi (Kosteki) y Darío (Santillán), o en tantos casos de gatillo fácil”.

Sin ir más lejos, Ramiro relató cómo durante una marcha de alumnos del ENSAM al Consejo Escolar de Lomas de Zamora “el policía que está ahora en los afiches (de campaña del candidato a intendente lomense Osvaldo Mércuri) que abogan ‘Por un Lomas más seguro’ le pegó una patada” a uno de sus compañeros.

En la misma línea que Torres y Manduca, la joven de 17 años Triana Pujol, miembro de la comisión de Derechos Humanos del Centro de Estudiantes del Instituto Lomas de Zamora, consideró que los hechos represivos “continúan manifestándose en las trabas reiteradas que ponen algunos directivos (de escuelas) al momento de realizar actividades sociales y culturales”, que aportan a “una inacción de los pibes que es reflejo de la represión sistemática contra toda una generación de luchadores obreros y estudiantiles durante la década de 1970”.

Pero, lejos de desanimarse frente a ese panorama, Pujol concluyó que uno de los objetivos principales de la militancia estudiantil “tiene que ser salir a difundir las verdaderas razones de la dictadura, para comprender el presente y desbarrancar muchos mitos”, y que la participación de los jóvenes debe darse “apostando a la organización y a la coordinación, y siguiendo adelante por más presiones y trabas que se presenten”.

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LP-AFD
AUNO-14-09-07
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