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Un terremoto popular gritó "ningún genocida suelto"

Miles de personas marcharon hacia Plaza de Mayo para manifestarse contra la aplicación del 2 × 1 en beneficio de los represores de la última dictadura militar. En el escenario, hablaron Estela de Carlotto, Nora Cortiñas y Tati Almeida. Los pañuelos blancos fueron el símbolo de la jornada.

Por Federico Cavalli

Lomas de Zamora, mayo 10 (AUNO).- Hubo miles de personas ayer en Plaza de Mayo. Entraban y salían, llenaron las calles aledañas y la Avenida de Mayo. Se subieron al Cabildo, se colgaron de los postes para ver mejor. Algunos se quedaron atrás, embotellados entre la gente. Todos estaban ahí para gritar que no quieren “ningún genocida suelto”.

Desde temprano hubo movimiento. No faltaron los pañuelos blancos, los carteles y los cantitos. Desde Constitución se cantaba que “como a los nazis les va a pasar”. Cada colectivo que llegaba, cada tren que arribaba a la estación, traía personas y gritos, y la esperanza del “Nunca Más”.

La 9 de Julio cortada, el choque con las personas que salían de trabajar y a lo lejos el humo de las parrillas, de los fuegos de artificio, el calor de la gente. Las agrupaciones se acomodaron sobre la Avenida de Mayo y sus paralelas (Yrigoyen y Rivadavia). Sólo las veredas y la plaza quedaron para la gente de a pie.

Ahí estuvo el pueblo, ocupando el lugar que le corresponde. La plaza llena, chicos en los hombros de los padres, pibes jóvenes que lo vivían ansiosos, la gente mayor que se emocionaba de todo ese terremoto popular (según la organización, 500 mil personas asistieron a la marcha).

Las agrupaciones desplegaron sus banderas, armaron las columnas para mostrarse unidos. Compartieron las calles porteñas La Cámpora, Unidos y Organizados, Partido Obrero, UOCRA, Movimiento Tierra y liberación (MTL) y el Movimiento Evita, entre otros. Hasta el colectivo La Garganta Poderosa y el Frente de Artistas y Artesanos acompañaron con sus estandartes.

La movilización tuvo un tono más relajado que el que se esperaba, seguramente por la sanción en Senadores de la ley que frena la aplicación del beneficio del 2 × 1 para los represores. Lo que no cambió es el mensaje: un pañuelo gigante colgaba del Cabildo con la frase “son 30 mil, siempre”.

Pasadas las 19, desde el escenario que le daba la espalda a la Casa Rosada, Tati Almeida, de Madres de Plaza de Mayo Línea fundadora, tomó la palabra. “Estamos celebrando porque el pueblo unido jamás será vencido”, exclamó, para que la Plaza se llene de aplausos.

Mientras la gente preparaba sus pañuelos, Tati dio a entender lo que significa su uso. “Es un símbolo de los 30 mil, de lucha. Los pañuelos no se aflojan”, dijo, para terminar con la polémica sobre su utilización.

Junto a Tati estuvo Nora Cortiñas, también de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, y Lita Boitano, presidenta de Familiares de Desaparecidos y Detenidos por Razones Políticas. Tati agradeció a la textil que donó los 30 mil pañuelos que se repartieron y lanzó un “nunca más genocidas sueltos, nunca más el silencio”.

El cierre lo dio la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto. “Ustedes siempre nos abrazaron a nosotras, ahora nosotras los abrazamos a ustedes”, agradeció. Los manifestantes, al grito de “Ahora y siempre”, levantaron sus pañuelos, para cubrir de blanco todas las cabezas, para decirles a los genocidas que ésta es una lucha de todos.

El acto finalizó con música y los abrazos de las Madres y Abuelas con diferentes personajes del arco político y mediático. Entre las apuradas lógicas de una desconcentración, un nene le dijo al padre “tengo miedo”. “Ya falta poco, hijo”, le contestó el padre. Todo un aviso.

*Fotografía gentileza de Joaquín Salguero.

AUNO-11-05-2017
FAC-MDY

Última modificación: 17 de mayo de 2017 a las 10:51
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