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Un rincón donde los juguetes unen generaciones

Fecha de publicación: 26 agosto, 2013

El Museo del Juguete de San Isidro reúne una amplia colección desde 1930. Y les habla a chicos y adultos del vínculo entre el juego y la niñez, de la memoria y del futuro. Un lugar de encuentro entre generaciones, con muñecas, soldaditos, baleros, trompos y muchos juguetes más.

Algunos de los juguetes expuestos en el museo de San Isidro.

Lomas de Zamora, agosto 26 (AUNO).- La imaginación, como puerta de entrada a un universo lúdico, permite que los más chicos exploren, jueguen y se diviertan. Una rica propuesta de entretenimiento que une a varias generaciones a través de los juegos y los juguetes del pasado, así como los del presente y aquellos que anticipan el futuro, ofrece el Museo del Juguete de San Isidro.

El museo está desde hace dos años en el Parque Carlos de Arenaza, en pleno centro de Boulogne. Incluye varios talleres. ¿Cómo se hacen los juguetes? pone énfasis en la habilidad, la creatividad y el valor del trabajo, con la idea de comprender que los juguetes fueron construidos en algún lugar y por alguien. Los Festivales Flexible, que mediante la ciencia, el arte y la tecnología permiten a los visitantes conocer más sobre el mundo textil, solar y experimental, siempre en forma participativa a través del juego. Otra de las actividades es Rejugueteá, donde nada se tira y todo puede servir para jugar otra vez.

La colección va de 1930 hasta la actualidad. La mayoría de los juguetes son del coleccionista Ricardo Olivera Wells, quien los presta. Además reciben donaciones, para que el museo adquiera sus propias colecciones y los chicos hagan lo que más les gusta: jugar, interactuar con otros niños y adultos, aprender y divertirse.

En diálogo con AUNO-Tercer Sector, la educadora y coordinadora del Museo del Juguete, Marina Curtolo, explicó que en este lugar pensado para chicos y adultos el juego “no solamente es un medio o una herramienta para, sino un fin en sí mismo, ya que con el juego uno aprende muchas cosas sobre la convivencia o el conocimiento de la personalidad”.

“Cuando uno es chico conoce el mundo a través del juego y dice muchas cosas”, sostuvo.

La actividad lúdica es fundamental en todas las edades, pero más en la infancia, en cuya etapa del aprendizaje es fundamental el desarrollo lingüístico y cognitivo, que conforma la identidad del chico y acompaña su interacción social. En referencia al vínculo que existe entre el juego y el aprendizaje, Curtolo señaló que “son sinónimos y están atravesados, porque el chico aprende cosas que no tienen mucho que ver con Matemática y Lengua sino más bien con lo social, al probar sus propios límites, desafiar las reglas y jugar con otros”.

El museo consta de cuatro salas que están ambientadas con juegos tradicionales, aquellos que marcaron un período histórico y los que se desarrollaron con las nuevas tecnologías. El espacio “Jugar con nada-jugar con todo” exhibe los juegos populares de la calle y la vereda. Zancos, teléfonos de latas, huesitos, yo-yos, baleros, patines, skates, bolitas, figuritas y hasta una rayuela pintada sobre el piso son algunas de las atracciones que incitan a jugar. Además hay réplicas a gran escala de autos, baleros y trompos, obra del artista plástico Jorge Meijide.

A pocos pasos, la sala “Construir-Destruir” aborda un abanico variado sobre los juegos de construcción, en sintonía con el progreso industrial de mediados del siglo XX, y de destrucción, como representativo del período de Guerra Fría. Desde meccanos, ladrillitos, cubos apilables, elefantitos de acarrear, juegos de encastre y el mosaico rompecabezas, hasta juguetes bélicos: soldaditos, ametralladoras, espadas, sables, tanques y aviones de guerra, entre otros.

El tercer ambiente, “El universo mi casa”, es la puerta de entrada para conocer otra gente, otros barrios, otros modos de vivir y de pensar. La idea es fomentar el juego dentro del hogar, en los espacios seguros. Las vitrinas exponen trenes, autos, barcos, avioncitos y naves espaciales de todas las épocas, que se conjugan con elementos hogareños como cocinitas y heladeras en miniatura, muñecas de antaño, como la famosa Marilú, o la perdurable Barbie, y juegos de ingenio que forman parte del patrimonio lúdico. Allí también se armaron mesitas de living para poder compartir juegos de mesa caseros.

En el último salón, identificado con el nombre “Trabajar- Descansar”, la ambientación es amplia: herramientas para la construcción, un lavarropas a rodillo, una máquina de coser portátil y algunos camiones, frente al espacio que existe para el ocio en nuestra vida. Se mezclan personajes de los cómics, cartas, videojuegos de bolsillo, el Family game y la Mesa del Tiempo, un dispositivo tecnológico que retiene las sombras que se hacen sobre la superficie y las devuelve para que los niños y los adultos puedan jugar con ellas.

El museo, que depende de la Dirección de Cultura municipal, también es un reto para el adulto que lo visita por primera vez. “A los grandes les da nostalgia y melancolía recorrer el lugar, quedan detenidos delante de algunos juguetes”, expresó la educadora.

Curtolo contó que conversó con una mujer que estuvo parada delante de un lavarropas, muy emocionada, y que dijo en voz baja: “Yo lo tenía”. En ese instante, Curtolo le preguntó: “¿Por qué te emocionas? ¿A qué jugabas con ese lavarropas? ¿Te enseñaban a lavar la ropa? ¿Te parecía divertido ese juego?”.

En este sentido, la coordinadora enfatizó que “es importante que el adulto, al recorrer el museo, pueda desprenderse de esa melancolía para tener una mirada crítica sobre los juguetes que acompañaron su niñez, ya que será él quién criará a otro niño”.

“Hay juegos y juguetes que atraviesan el tiempo y el espacio”. Esta frase en la sala de bienvenida es la que invita a los visitantes a recorrer el museo con una metodología innovadora porque no sólo los juguetes están exhibidos en las vitrinas con sus descripciones, sino que también los chicos pueden hacer uso de algunos de ellos, tanto en las mesitas coloridas del interior como en un amplio parque arbolado.

De hecho, en diciembre se realizará la segunda edición de la Carrera de autitos a piolín, donde los que corren son los chicos y los grandes cumplen el rol de ser los mecánicos de los autos que armaron en conjunto.

*Cómo contactarse: *
Museo del juguete
Lamadrid 197, Boulogne
4513-7900
Entrada: 2 pesos
Miércoles a domingo de 11 a 17
www.museodeljuguetesi.org
info@museodeljuguetesi.org.ar

Última modificación: 6 de septiembre de 2013 a las 12:30
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