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Un mes en la epidemia

Fecha de publicación: 22 septiembre, 2014

Maricel Seeger, periodista recibida en esta universidad, estuvo un mes en Liberia donde vivió en primera personas las consecuencias del ébola. En una entrevista con AUNO, relató su experiencia en el país africano y repasó su trabajo en el contexto de una epidemia que no para de crecer.

Ebola

Lomas de Zamora, septiembre 22 (AUNO).- La periodista Maricel Seeger, formada en esta agencia, estuvo un mes en Liberia, el país más afectado por un brote de ébola que aún magulla el norte de África, como parte de una red de comunicación de emergencia formada por la Organización Mundial de Salud (OMS), y reveló que “el incremento del número de casos es constante”.

En ese contexto de desastre, Seeger tuvo que realizar tareas relativas a la prensa y comunicación: organizar entrevistas y conferencias; coordinar el flujo de información entre distintos organismos de la Organización de las Naciones Unidas y cubrir eventos, entre otras funciones.

En esta entrevista con AUNO, cuenta los detalles de trabajar bajo la presión de saber que cualquier movimiento involuntario, como rascarse un ojo o tocarse la cara por el cansancio, puede ser la diferencia entre ayudar a un afectado o empeorar su situación.

-¿Es la primera vez que le toca trabajar en un contexto así?
-Sí, fue la primera experiencia. En la OMS hay una red de comunicación en emergencia, que está integrada por comunicadores de oficinas regionales, de países, y de la oficina central que está en Ginebra. Los que integramos esa red hicimos un entrenamiento específico para poder trabajar haciendo comunicación y prensa en emergencias.

-¿En que consistió ese entrenamiento?
-En el entrenamiento se conoce la manera de trabajar en emergencias y el contexto que podés encontrar, que cambia todo el tiempo. Muchas veces los planes hechos se modifican y hay que adaptarse a la nueva situación. Te enseñan cuáles son las cosas que tenés que hacer, porque hay tareas de prensa tradicional, pero también de comunicación interna, de preparación de informes, de coordinar la comunicación con otros organismos.

-¿Cómo los preparan?
-La preparación es física y psicológica, para adaptarse a trabajar en una situación así. En un brote de estas características, hay que estar atento a la prevención y al cuidado propio. Hay que saber perfectamente lo que hay que hacer. Si no se está bien no es posible trabajar y, en vez de ayudar, podés aumentar el problema. Hay que cuidar mucho la salud y la seguridad para poder realizar todas las tareas que aprendimos en el entrenamiento.

-¿En que consistió su trabajo?
-Mis funciones específicas eran redactar notas para las páginas web de la OMS; mantener una relación con los medios, como proveer información, generar entrevistas y conferencias de prensa; coordinar la relación con otras organizaciones y agencias de la ONU; convocar a reuniones del sector salud; y realizar informes diarios para el staff.

-¿Cómo la recibió Liberia?
Los primeros días, lo que dura el periodo de adaptación, son los más duros. Cuesta mucho llegar a ser consciente de todos los movimientos que uno hace. El alcohol en gel tiene que estar siempre cerca, para usarlo cuando corresponda: antes de comer o de tocarse la cara. Desde la llegada a Monrovia hay que incorporar un chip, para evitar reflejos como rascarse un ojo cuando se tiene sueño (porque el contacto con las mucosas es muy contagioso). Es importante estar bien para poder trabajar. Lo primero que hay que hacer es conocer el contexto, entender la situación, saber hacia dónde se tiene que focalizar el trabajo.

-¿Dónde se hacía más visible la epidemia?
-El brote resaltaba en la situación general del país. Hay cada vez más centros de tratamiento, pero están siempre llenos. El incremento del número de casos era constante. Se percibía mucho en el miedo de la gente, en la calle, en todos los grupos sociales.

-¿Cuáles eran los principales problemas para enfrentar el brote?
-Uno de los problemas más grandes es que las personas que presentan algún síntoma se esconden, porque es una enfermedad con un gran estigma. Y a veces puede ser un síntoma de otra enfermedad, como la malaria. Pero la gente decide esconderse, o se va.

-¿Cómo reaccionan los habitantes de Liberia ante la epidemia?
Al principio creían que la enfermedad no existía, pero al tiempo empezaron a ver casos en sus comunidades. La gente tomó conciencia y adaptó costumbres culturales que, en una epidemia de ébola, son prácticas muy contagiosas.

-¿Quiénes son los más perjudicados?
-Hay un grupo muy afectado que son los trabajadores de salud, por eso muchos no querían ir a trabajar. Se trabajó mucho en entrenar bien a los médicos y enfermeros, porque es muy importante contar con los recursos humanos para atender a los casos. Tanto a los sospechosos como a los confirmados. Se requieren medidas de protección muy estrictas: hay que saber cómo ponerse y sacarse el traje aislante especial, por ejemplo.

-¿Qué puede hacer la gente que no está contagiada?
-Hasta que una persona con síntomas sea trasladada al centro de tratamiento, hay un familiar designado para ser el único que tenga contacto con el paciente. De ese modo se reducen las probabilidades de transmisión de la enfermedad. También se distribuyen kits domésticos para poder trabajar eventualmente con un caso sospechoso.

-¿Fue una experiencia profesionalmente positiva?
-Dejando de lado la situación que atraviesa el país, desde lo laboral, fue una experiencia alucinante, única y que nunca voy a olvidar. Aprendí un montón de cosas al enfrentarme a situaciones nuevas, que no se parecen a nada de lo que había vivido hasta ese momento, por la cultura, el lugar y el contexto. No sé si decir que estoy contenta, porque puede sonar raro, pero fue una oportunidad sin igual poder atravesar esa experiencia y la valoro de manera infinita.

-¿Qué medidas preventivas tienen con los que llegan al país?
-A todas las personas que llegan a Liberia les toman la temperatura; tienen que lavarse las manos con agua y cloro; hay que presentar los certificados de vacunación, y salir del país requiere completar un cuestionario.

-¿Se movía mucho por la ciudad?
-Bastante. Estuve en los tres centros de tratamiento y en las diferentes comunidades. Siempre con los móviles oficiales de la OMS. Y, durante la noche, por el toque de queda que estaba en marcha para controlar mejor la epidemia, había que salir con una patrulla.

-¿Puede pasar, o pasó, que salga un afectado del país?
-Hubo un caso que llegó a Nigeria, pero ya estaba confirmado. En general, no tiene por qué haber ningún tipo de restricción para los viajes internacionales, porque los síntomas son muy visibles. Además, cuando la enfermedad todavía no presenta síntomas no es infecciosa.

-¿Tuvo tiempo para dormir?
-Muy poco, porque trabajé mucho. Hay que aprender a administrarse, si no es una actividad de 24 horas, porque el tema no se acaba. Es necesario aprender a tener momentos de ocio, o de lo contrario no es posible funcionar. Mi momento de relax era la cena, cuando se podía charlar de otras cosas, de lo que le pasa al otro, de las experiencias del día. Pero no mucho más, porque después de la cena seguía con mi trabajo y de ahí a dormir.

AUNO 22-09-2014
FN-AFG

Última modificación: 1 de octubre de 2014 a las 10:49
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