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Vida de negro

El frío es lo que nos conviene

Fecha de publicación: 31 mayo, 2017

Nuestro Louis C.K. albañil pone bajo análisis weberiano la guerra de las estaciones del año. Para los obreros —que diferencia de los laburantes y los trabajadores— nada más bienvenido que un buen día de frío.

saco perón

Voy a usar estas líneas, este espacio, para pronunciarme al respecto de una de las grietas más profundas, más viscerales, y hasta me animaría a decir que una de las divisiones sobre las cuales nunca se llegará a un consenso Más histórica que la de unitarios y federales, más vehemente que la de peronistas y gorilas, mas insalvable que la de messistas y antimessistas.

En términos de cosmovisión ideológica, si tomamos el materialismo histórico marxista podemos analizar esta grieta con el famoso concepto de lucha de clases; sin ser tan internacionalistas podemos analizar peronísticamente esta grieta entre trabajadores y oligarcas.

Compañeros y compañeras, es momento de poner blanco sobre negro y analizar hermenéuticamente, con argumentos sólidos y contundentes, la grieta que se da entre los obreros amantes de la época invernal y los traidores de clase que aman la época estival. Sí, usé la palabrita “traidores”, hoy tan en boga en la política nacional, pero que le calza a la perfección a quienes gustan de ese clima nefasto y que tanto mal le hace a los obreros de nuestra Patria.

El General Perón, en una de sus Veinte Verdades dijo que “no existe para el peronismo más que una sola clase de hombres: los que trabajan”. Gran verdad. Pero me tomo el atrevimiento de realizar una taxonomía a este concepto: existen obreros, laburantes y trabajadores.

¿Y en qué me baso para decir esto? Pues aquí va:

Obrero: aquel que se despierta para ir a su lugar de trabajo entre las cuatro y seis de la mañana. Son personas de oficios. Suele considerarse a estos como empleos de baja calificación aunque este redactor piensa totalmente lo contrario: son los trabajos que hacen grande a la Patria. Los obreros somos los que vivimos en el tercer cordón del conurbano, viajamos varias horas por día y nos encontramos en las obras en construcción o en fábricas; son las empleadas domesticas de casas de familias, los changarines, entre otros rubros.

Laburante: el que se despierta para ir a su lugar de trabajo entre las seis y siete y media de la mañana. Generalmente son personas de oficios, pero con alguna especialización que requiera algún título o matricula o haber hecho algún cursito. Mucho monotributista. Viajan en el transporte público un poco menos que los obreros y en su gran mayoría cuentan con transporte propio. Pueden vivir en el inicio del tercer cordón, pero ya los podemos ver en el segundo cordón y en los límites internos de la Capital Federal. Hablamos de maestros, profesores, colocadores de aires acondicionados, gasistas, electricistas, técnicos en sistemas, entre otros.

Trabajador: aquel que se despierta para ir a su lugar de trabajo entre las siete y media y nueve de la mañana. Son personas con trabajos un poco más “intelectuales”. Suelen trabajar en oficinas céntricas, visten bien, usan perfumes. En el Conurbano los encontramos en el selecto primer cordón y seguro, seguro, dentro de la Capital Federal. Los podemos encontrar entre administrativos de empresas, contables, bancarios, y demases.

El fin de esta clasificación interna del concepto es poner en manifiesto quién y por qué defiende, gusta, prefiere y elige disfrutar del calor. Porque detrás de cada elección de cualquier cosa se esconde una matriz ideológica. Y en el caso de la preferencia sobre el clima estival subyace un orden, una superestructura ideológica, que aunque se quiera ocultar o desconocer salta a la vista, se explicita y se manifiesta una almita burguesa. Traidores y lumpen proletarios.

Y aquí comenzaremos a desglosar esta especie de tesis obrera que tiene al clima como columna vertebral. Según mis propios estudios de investigación basados en un análisis epistemológico weberiano bajo la metodología investigativa de la observación participante, podemos dilucidar que a lo que hemos clasificado como obreros y laburantes tienen preferencia por el clima invernal. Mientras que los clasificados como trabajadores prefieren el clima estival.

Dado que los análisis sociológicos, antropológicos, culturales no pertenecen al ámbito de las ciencias duras podemos dilucidar que dentro de cada espacio de clasificación encontraremos sujetos de investigación que no corresponden al argumento esgrimido, y eso, señoras y señores, son los que denominamos traidores. A secas.

Muchos podrán rebatir esta hipótesis, y es más, alguna vez me lo han hecho intentando menoscabar mi condición de peronista con el falso argumento, cuasi falacia ad hominem, de la consigna compañera que reza “es un día peronista” para describir un día soleado y estival. Lo cual es verdad. Pero no estoy entrando en contradicciones, compañeros. Esto me ayuda mucho más para endurecer mi postura.
Sí, los “días peronistas” son con solcito. Y sí, así los preferimos. Pero ¿Para qué son? Y bien, amigos, la respuesta es sencilla: los preferimos para manifestarnos, para movilizarnos, para la lucha, y también, para el descanso, para el ocio, para disfrutar de las vacaciones pagas y del aguinaldo que nos dio Perón. Y aún más, de ser posible y si pudiésemos manejar el botoncito del clima climático, pondríamos en modo calorcito a los fines de semana para la vagancia, la birra, el asado, cumbia, chapa y meta guacha.

Pero de cuando laburar se trata, la taba se da vuelta. Quienes hacemos grande la Patria cuando salimos a laburar, viajando horas en los bondis, cruzando lo largo del Conurbano, yendo a las apuradas para llegar a tiempo, preferimos el fresco invernal. Porque no nos hagamos los rulos: las diferencias climáticas en este rincón de nuestro hermoso país son abismales. Los calores trepan a 40 grados bajo la sombra pero el fresco, como mucho, roza los 8 grados un par de días al año. Ninguna persona de bien, salvo los traidores de clases y lúmpenes, puede preferir ir transpirada y con olor chivo por la vida como si nada pasase.

El famoso abrigo de Perón exhibido el año pasado en el Museo Evita. Pertenece a la familia Cafiero. El líder lo usó en el balcón el 12 de junio de 1974, en su último discurso. El día de “Yo llevo en mis oídos la más maravillosa música que, para mí, es la palabra del pueblo argentino”.
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Por esto vengo a decir que acá no hace frío. En todo caso, con una camperita deportiva está bien. Todavía hasta junio se pueden usar bermudas, tranquilamente. Y para después decí que me compré camperas durante el kirchnerismo porque ahora no podría.

Nunca sé de qué frío hablan. No sean chetos. Chetos de oficina con frío. Les faltan callos en el lomo. El obrero prefiere el frío siempre. Al trabajador tal vez le guste el calor. Cuando veo gente con bufanda, gorro de lana y guantes tengo ganas de darles una maza, una punta y ponerlos a picar una viga. Una vez, cuando era ayudante de albañil, me mandaron a picar una viga de hormigón de cuatro metros. Todavía me tiemblan las manos. Por suerte ahora soy oficial albañil especializado.

Es inhumano e incivilizado estar sudado apenas te levantás de la cama. No se puede dormir en paz, no se puede comer rico, no se puede ni siquiera garchar después de bañarte sin tener que volver a bañarte después. Y esto no está investigado del todo pero considero que la tasa de natalidad decrece con el calor. Algún día habrá datos oficiales sobre esto.

Pero sigamos con las cosas de la vida cotidiana. Te bañás, salís, te secás y ya estás traspirado de nuevo. Por favor. Estás quieto esperando el bondi, transpirás. Estas leyendo un libro, transpirás. Estás cocinando, traspiras. No es vida esto.

Nunca llegaremos a ser potencia imperial con estos climas subsaharianos.
Pobres los compañeros albañiles que sufren el calor y tienen que andar por la vida sucios y sudados. Pobres los compañeros de las fábricas que laburan con maquinas que doblan el calor de la temperatura ambiente en tinglados sin ventilación. Pobres los compañeros que laburan en la calle y tienen que andar con la remera pegada al cuerpo tratando de encontrar la vereda con sombra. Pobres mis obreros de la Patria.

Por esto les pido a los trabajadores que en su inmensa mayoría trabajan en oficinas o puestos de laburo con aire acondicionado, frescos, sin gran esfuerzo físico, que generalmente tienen autos y no gastan su vida en bondis de mala muerte apretados a las seis de la tarde con la cara pegada al chivo peludo de uno que se puso musculosa. Sí, si te imaginaste la descripción mentalmente sabrás o entenderás que no es algo lindo de vivir. Sigo. A esos trabajadores les pido que vuelvan a este lado de la grieta climática, que regresen al eje del bien.

El frio es lo que nos conviene, compañeros. Y si logramos llegar a un consenso, a un acuerdo mayoritario, a una unidad de concepción en este tema podemos empezar a pensar que la unidad del campo popular es posible, que la liberación de la Patria está cerca, que la construcción de un país prospero para todos puede ser una realidad efectiva, y que la Felicidad del Pueblo y la Grandeza de la Patria está ahí nomás. Cerquita. Porque todos unidos triunfaremos.

Última modificación: 9 de junio de 2017 a las 08:50
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