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LEYENDA DEL FÚTBOL MUNDIAL

Di Stéfano, el primero de los superhéroes de la pelota

Fecha de publicación: 7 julio, 2014

Murió este lunes a los 88 años uno de los futbolistas más grandes de todos los tiempos. Nació en Barracas y falleció en Madrid, pero asombró al mundo entero con sus cualidades. Fue el primer eslabón de la cadena que, por ahora, completan Pelé, Cruyff, Maradona y Messi.

Lomas de Zamora, julio 7 (AUNO).- Alfredo Di Stéfano fue uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos. No hay dudas. Aquellos que lo vieron en acción coinciden en que fue el mejor de todos. Hasta el mismísimo Pelé, una vez que dejó de mirarse y mimarse su ombligo brasileño, lo admitió. También fue el ídolo del holandés Johan Cruyff, otro de los que integra el olimpo futbolero. Y Diego Maradona y Lionel Messi, sus discípulos argentinos con el mismo ADN de potrero y gambeta, lo tuvieron de espejo.

Así de grande fue Don Alfredo, que no necesitó jugar un Mundial —en realidad, no pudo, pero da igual— para convertirse en leyenda. Un distinto que revolucionó el deporte con sus movimientos únicos y a la vez universales de futbolista total, capaz de defender, armar juego y definir partidos como ningún otro. Porque, como decía, “un cero a cero es como un partido sin Sol”.

Fue también el primer futbolista mediático. Es que la vida de la 'Saeta Rubia’ estuvo siempre en boca de todos y todas. Incluso en los últimos años, cuando quiso casarse con una mujer muchísimo más joven y sus hijos se empeñaron en evitarlo.

“Me retiré a los 40 años porque mis hijas un día me miraron y me dijeron: 'Papá, calvo y con pantalones cortos, no quedás bien’”. Entonces, tras sus últimos goles con el Espanyol de Barcelona, devino un director técnico exitoso, capaz de sacar campeón a Boca y a River, en regresos momentáneos a la Argentina, y también al Real Madrid y al Valencia.

Un agradecido a la pelota, a tal punto de erigirle un monumento en la puerta de su casa con el mensaje 'Gracias, vieja’. Un crack universal que pasó a la inmortalidad mucho antes de morir este lunes, luego de no poder superar un paro cardiorrespiratorio que lo sorprendió el sábado pasado en Madrid tras festejar su cumpleaños número 88.

Di Stéfano había nacido en Barracas, el 4 de julio de 1926. Comenzó su carrera en River, donde debutó en 1945 y fue campeón pese a jugar sólo un partido. “Socorro, socorro, ahí viene la Saeta con su propulsión a chorro”, cantaba la tribuna cuando veía correr a aquel muchachito rubión con la pelota atada y los rivales desparramados por el piso.

En 1946 fue cedido a préstamo a Huracán (25PJ y 10G), ya que no podía hacerle sombra a otro grande de la pelota, Adolfo Pedernera. Pero en 1947 volvió a Núñez para ser titular, ganar otro título y redondear 66 presentaciones y 49 gritos con la banda roja.

Sin embargo, la huelga de futbolistas profesionales lo alejó de la Argentina. Primero recaló en Colombia, donde brilló en Millonarios. Allí, Di Stéfano salió campeón cuatro veces y goleador en dos ocasiones (294PJ Y 267G), en una liga entonces no reconocida por la FIFA. Ya en 1953 emigró a España. Parecía que sería jugador de Barcelona, pero finalmente firmó con Real Madrid, equipo al que convirtió junto con Puskas, Gento y compañía en uno de los mejores de la historia del fútbol.

Alcanza con repasar sus estadísticas para entender lo enorme que fue: 684 partidos, 454 goles y 15 títulos, cinco de ellos 'Orejonas’, como él mismo llamada a la preciada Copa de Europa (hoy Liga de Campeones). Pero también vale observar las filmaciones de archivo, en las que se lo ve haciendo cosas que sólo pudieron hacer Maradona, Pelé, Cruyff, Beckenbauer o el propio Messi. Único, casi irrepetible. “Marcar goles es como hacer el amor, todo el mundo sabe cómo se hace, pero ninguno lo hace como yo”, se definía.

Su cuenta pendiente son los Mundiales. La II Guerra Mundial lo dejó sin la posibilidad de jugar para la Argentina (sólo disputó y ganó el Sudamericano de 1947, en el que aportó seis goles) y más tarde, después de decidir defender los colores de España, se quedó afuera de Suecia 1958 (su equipo no se clasificó) y tampoco pudo jugar minuto alguno en Chile 1962 por una lesión sufrida en la penúltima práctica antes del debut.

Di Stéfano, que hasta fue secuestrado durante 57 horas en Venezuela en 1963 por un grupo comando del Frente de Liberación Nacional de ese país, luego se transformó en entrenador exitoso, en maestro. Pero más que nada quedó como embajador y emblema viviente de Real Madrid, club del que fue presidente honorario hasta el último de sus días.

“Cortita y al pie”. Así decía que debía pasarse la pelota. Así fue toda la vida. Resolutivo. Fuera y dentro de la cancha. Sin vueltas, un poco gruñón. El primero de los superhéroes de la pelota.

AUNO 07-07-2014
MFV

Última modificación: 23 de julio de 2014 a las 00:24
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