Arte espontáneo para salir al barrio

Se trata de una apuesta a la revalorización del espacio público como ámbito artístico organizado por un teatro. Salen a la Plaza Colón de Temperley los segundos domingos de cada mes y ofrecen una muestra y propuestas de actividades culturales para los niños y los adultos.

Lomas de Zamora, abril 16 (AUNO).- Las plazas suelen cohesionar el difícil entramado social a través del encuentro de ciudadanos con diferentes realidades cotidianas. De este postulado se valieron los integrantes de la sala teatral lomense El Galpón de Diablomundo, que los segundos domingos de cada mes revisten la Plaza Colón de Temperley de actividades de percusión, teatro, tai chi, danza y malabares con distintos objetivos: difundir las propuestas artísticas que desarrollan puertas adentro, pero también reencontrarlas y compartirlas con ese barrio que los alberga.

Reunidos en semi ronda en una de las esquinas de la plaza, se alzó en voz alta una frase que reiteraron todos los artistas que dialogaron con AUNO: “Que no queden encerradas las actividades” dentro de la sala teatral. Así, poco a poco, buscan construir un lugar de “encuentro horizontal”, donde todos puedan participar sin un arancel de por medio.

En su segundo año de arte al aire libre, las actividades se organizan de manera espontánea, sin imposiciones de horarios y con “la libertad” que el ámbito propone. “Hasta la caída del sol”, límite horario que marcan dos de las organizadoras, Mariela Rocco y Leila Kancepolsky, todo aquel que se acerca tiene la posibilidad de participar de talleres coordinados por profesores de El Galpón que “se van desarrollando a medida que la gente se acerca”.

La iniciativa comenzó a rodar allá por mediados de la década de 1990, cuando por el lapso de dos años los integrantes de aquella sala expusieron sus trabajos en la plaza aledaña a la estación de trenes de Temperley, con la consigna de que “si la gente no iba al teatro había que acercar el teatro a la gente”. Aunque breve, estas actrices recuerdan que esa primera experiencia sirvió para que los vecinos se arrimaran a actividades para muchos desconocidas.

Como en aquellos primeros encuentros, y según contó a AUNO Florencia Lloret, encargada de la iluminación escénica de este teatro, “lo que se intenta hacer es que lo artístico sea un poco más comunitario”. Entre el sonido desprejuiciado de congas, cajones peruanos y bongoes que de a poco iban copando la plaza, dice que “salir a la calle es para recuperar el espacio público”.

En medio de una fusión generacional, niños y adultos intercambiaron experiencias lúdicas en una suerte de batalla a ese “aislamiento” que definen la esencia a las actividades de este milenio: “Se pueden recuperar los espacios públicos con propuestas que nos llegan a todos. Es muy difícil ser indiferente a eso porque sonora y visualmente son muy llamativas, y (a la vez) se conectan con la actividad y la sensibilidad física. Que sea al aire libre y comunitario está bueno”, enfatizó Matías Suárez, encargado del taller de percusión.

Acompasada por la filosofía que incentiva, Lloret destacó que llevar las actividades por afuera de las paredes de El Galpón permite que “cualquiera pueda tener acceso a talleres que por ahí hoy en día se están poniendo muy de moda”.

Tal es el caso de “Alboroto”, una propuesta de “música a partir de la percusión” coordinada por Suárez, que lleva ya cinco años puertas adentro de la sala teatral, pero que rebalsa más allá de su estructura con ritmos afro y latinoamericanos en estos encuentros al aire libe.

“La ‘percu’ está muy en boga, constantemente sonando. Hay un montón de grupos de percusión, candombe, murga. Hace un par de años que los tambores están saliendo de nuevo a la calle y eso hace que también la gente respire un poco de estas movidas y quiera participar”, explicó el músico.

Sobre los bancos de esa plaza multidisciplinaria reposan los instrumentos para ser utilizados por cualquier transeúnte. Así, se busca generar un “cadáver exquisito” musical no sólo con los instrumentos propiamente dichos, sino con objetos “al servicio de la percusión”, como maderas, ollas, hierros, para relacionarse con ellos desprejuiciadamente y que haya diversidad de estilos: “Eso nos permite jugar con el sonido y es rico porque es creativo”, marcó Suárez.

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AUNO-16-04-12

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