1º de mayo: Memorias de la lucha y de la historia

El Día Internacional del Trabajador quedó sellado a partir de las protestas obreras de fines del Siglo XIX en los Estados Unidos. Las movilizaciones por las conquistas sociales fueron brutalmente reprimidas y marcaron esta fecha como el recuerdo y lucha permanente por alcanzar una vida digna.

Por Miriam Lerose

“Es la primera vez que comparezco ante un tribunal norteamericano y en él se me acusa de asesino. ¿Por qué razón se me acusa de asesino? Por la misma que me hizo abandonar Alemania, por la pobreza, por la miseria de la clase trabajadora. Aquí también, en esta “República libre”, en el país más rico de la tierra, hay muchos obreros que no tienen lugar en el banquete de la vida y que como parias sociales arrastran una vida miserable”. Este es un fragmento de las palabras del acusado George Engel, ante el tribunal que lo condenó a muerte en 1886.
Los cambios de la Revolución Industrial no tardaron en hacerse sentir, la nueva clase social hija de la revolución, el proletariado, trabajaba en condiciones deplorables. Desde un punto de vista económico, la sociedad industrial capitalista hizo privar la inversión sobre el consumo, es decir, el capital sobre el trabajo.
Así se produjeron excesivos horarios laborales (14 a 16 horas) con salarios bajos debido a la saturación del mercado de la mano de obra que funcionaba rechazando cualquier intervención del Estado que regulase las condiciones de trabajo de los asalariados.
El 1º de Mayo de 1886 fue convocada una huelga general en los Estados Unidos en reclamo por la reducción de la jornada a ocho horas diarias (ocho horas de trabajo, ocho horas de recreación y cultura, ocho horas de descanso).
El éxito de la convocatoria a la huelga fue tal, que la Federación de Gremios y Uniones Organizadas expresó “jamás en la historia de este país ha habido un levantamiento tan general entre las masas industriales, el deseo de una disminución de la jornada de trabajo, ha impulsado a millones de trabajadores a afiliarse a las organizaciones existentes, cuando muchos hasta ahora habían permanecido indiferentes a la agitación sindical”.
Pero como siempre a través de la historia, no hay conquistas sin mártires. Y claro que los hubo porque la burguesía no perdonó y aliada con la Policía enfrentó a los trabajadores en casi todos los Estados, y en especial en la ciudad Chicago, centro vital de los acontecimientos.
El crimen de Chicago, como fue denominado, costó la vida de gran cantidad de trabajadores y dirigentes sindicales, miles de heridos de balas, torturados, detenidos y despedidos. La mayoría de los obreros eran italianos, españoles, alemanes, rusos, irlandeses, judíos, polacos y eslavos. Los acusados por el poder judicial, fueron ocho dirigentes anarquistas.
El juicio fue una farsa del principio al fin. El objeto del proceso era condenar al anarquismo, se trataba de un juicio político-ideológico.
Los ocho líderes de Chicago fueron declarados culpables, acusados de enemigos del orden y la sociedad sin haberse probado nada en su contra. Tres de los ocho acusados pasaron a prisión perpetua, y los cinco restantes fueron ejecutados el 11 de noviembre, a pesar de las protestas de todas las organizaciones de trabajadores.
Los “mártires de Chicago”, fueron Adolph Parssons, George Engel, Lous Lingg, Samuel Ffielden y Oscarr Hebe.

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